Dos gotas de agua

Dos gotas de agua resbalan por el frío cristal, desean tocarse, rozarse, mirarse. Se deslizan lentamente y en silencio, cruzándose la mirada, una mirada enamorada. Llega el final del cristal y no se han tocado, ni siquiera se han rozado, mis dos lágrimas, una tú y otra yo. Fue entonces cuando sentí tu aliento en mi cuello, y en tu mirada deseo, deseo y amor. Pero desperté de mi sueño. Tú allí no estabas, no era tu aliento lo que sentía en mi cuello, sino la brisa fría que sienten los que aman y no son correspondidos.

Quizás un día sienta tu aliento, me derrita en tus besos, y pueda sentir tus manos sobre las mías, con las miradas unidas, yo tu vida y tú la mía, dulce sueño de amor que ojalá un día se haga realidad, contigo y conmigo como héroes de leyenda, seres de otro mundo perdidos en el tiempo, pero siempre unidos el uno al otro como si de un solo cuerpo se tratara, tú y yo fundidos en un abrazo, dormida en tus brazos, viendo ponerse el sol, como símbolo de nuestro amor y nuestra pasión.

Te llevo para siempre en mi corazón, amor.

 

-Ana María Otero-

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