Esa mirada

-Es que cuando pasé esa mirada, que por alguna circunstancia no era desconocida para mí, capturó la mía, reteniéndola de tal modo que, aunque yo lo deseaba, no fui capaz de ignorarla.

¿Por qué sucedió aquello? ¿Por qué no …?-se preguntó a sí mismo en voz alta, observando como la enfermera vendaba su dolorida mano-. Yo no quería que se apartara, aunque en realidad no soportaba esos ojos clavados en los míos con aquella intensidad.

Tal vez era deseo, tal vez anhelo… No lo sé, pero debería estar prohibido mirar de ese modo y por ello quise destrozar esos ojos que me miraban llenos de dolor, desespero, pesar, ¡odio!, suplicando una ayuda que en realidad no deseaban recibir y entonces dejé en libertad esa mirada. Un solo golpe  fue más que suficiente para que con un estruendo y acompañada por puntos de luz cortante pudiera ser libre para siempre y ahora soy yo el que se siente liberado, porque la mirada se ha marchado para siempre, ¿verdad que sí?

-De ese modo debería ser-apuntó el doctor que sin duda tomaría medidas respecto al responsable de que a pesar de las advertencias, se hubiese colocado un espejo precisamente en aquel pasillo del hospital.

-Ana María Otero-

esp-r

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