Avivar el deseo

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Está claro que hoy soy yo la que va delante. Lo sé porque desde hace un instante siento el roce caliente de una mirada, sin duda la suya, clavada a traición en mi espalda.

Él viene detrás, manteniendo constante la distancia que nos separa. ¿Por qué no se acerca? ¿Por qué no acelera la marcha si lo que más desea es darme alcance? ¿Por qué no camino yo más despacio invitándole a que lo haga?

No, todavía no. Reprimir las ganas, avivar el deseo, ahí está el secreto.

Seguimos adelante respetando el número de pasos que nos separan.

Yo deseo que se apresure, él que yo me detenga. ¿Quién ganará? ¿Cuál de los dos sucumbirá?

Absurdo juego que aviva la llama y que hasta el día de hoy, unas veces antes, otras después, siempre acaba igual cuando el deseo toma el control y alguno de los dos, el que va delante o el que va detrás, cambia el ritmo y nuestros cuerpos se acercan y levemente se rozan.

Un primer contacto que los dos sabemos que como siempre acabará con la fusión perfecta de dos impetuosos e irrefrenables amantes.

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-Ana María Otero-

9 comentarios sobre “Avivar el deseo

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