Una noche cualquiera

Una noche cualquiera, tantos años después del final, por casualidad o fatalidad, en un sórdido local que para ninguno era habitual, sus caminos se volvieron a encontrar.

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Guardando distancia y como si ninguno de los dos fuera consciente de la presencia del otro, sutilmente se miraban, se examinaban pretendiendo encontrar respuestas a preguntas que hoy en día ya ninguno de los dos osaría pronunciar.

Él no tardó en confirmar como igual que entonces, su corazón se desbocaba ante una sensual y arrogante sonrisa que fue suya algún día, del mismo modo que ella es consciente del deseo que aún todavía despierta en su cuerpo la elegante soberbia de un hombre que algún día por y para ella había vivido.

En realidad, ¿cuál de los dos marcó el final? ¿Él, ella o todo acabó sin decir adiós?

Aparentemente ausente, impasible, él se pregunta si por algún ilógico motivo en ella quedaría algo de todo aquello que en algún momento por él sentía, planteándose la posibilidad de apartar por un momento su recio orgullo y, sin avisar, volverla a besar.

Ella se planteaba si aquella sería, como algunos decían, una de esas oportunidades inesperadas que uno no debería dejar pasar.

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Preguntas, dudas, orgullo, temor, cobardía, presunción… Por un motivo u otro la ocasión pasó y lo único que de ella en los dos quedó fue la eterna sospecha de que de haberlo intentado, en esta ocasión todo podría haber salido mejor.

 

-Ana María Otero-

 

3 comentarios sobre “Una noche cualquiera

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