Nadie te echó de menos

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No estuviste,

nadie te echó de menos.

¿Quién podría añorar tu veneno?

Sí, es verdad,

la primera vez yo abrí la puerta

y te dejé pasar sin sospechar

lo que a partir de ahí iba a pasar.

En un principio alegría,

vida e ilusión,

que inesperadamente se transforma

en un castigo,

una penitencia,

una cadena que dolorosamente aprieta.

Todo debía parar,

de algún modo terminar,

porque ninguna condena debe ser eterna.

Te invité a marcharte,

te reíste arrogante

y yo sin pensarlo actué,

antes de que empezara todo otra vez.

Te lo dije,

muchas veces te avisé,

algo que todos conocían,

como todo lo que tras la puerta

en secreto hacías.

Por ello nadie habla,

por ello mirando hacia otro lado

del mismo modo que siempre hicieron,

todos de largo pasan

sin preguntar dónde estás,

porque aunque nadie diga algo,

sin duda alguna ni tampoco pena,

todos saben que no te verán nunca más.

 

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-Ana María Otero-

4 comentarios sobre “Nadie te echó de menos

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