La dicha de ignorar

-Imagen de John Hain en Pixabay –

   Sus besos. Sí, desde luego le hubiese gustado conocerlos, pero algo que nunca llegó a probar, no lo puede añorar.

   El deseo no es ajeno, pero no es lo mismo el anhelo de un recuerdo, de un momento disfrutado, que el de algo nada más que imaginado.

   Esto lo sabe y por ello es feliz, al no sentirse capaz de extrañar un momento del que al fin y al cabo nunca fue dueño, sólo un sencillo conocedor de dimes y diretes, de algo que a decir verdad a él ni siquiera le compete.

La dicha de ignorarCC by-nc-nd 4.0 Ana María Otero

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