El canto de sus vidas

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   Una jornada de trabajo bien merece un descanso, pero a más de uno no le agrada pasar el rato vegetando, sin actuar, sin pensar…, dejando de este modo escapar un tesoro limitado que de un modo u otro sería preferible explotar.  

   -Siempre supe que no está bien eso de perder el tiempo. Por ello, ¿qué te parece si aprovechando este momento muerto, ahora yo te cuento un cuento?

   Se trata de una bonita historia de amor, de esas en las que las circunstancias adversas acechan, amenazando con acabar con algo realmente hermoso, que siempre puede sobrevivir gracias al amor intenso que impregna la situación.

   Pasaremos ahora a presentar a Yaseón y a Marién. Un chico y una chica que el uno al lado del otro, sin duda han conocido lo que es ser verdaderamente feliz.

   Esta felicidad contagiosa se percibía en el aire, en el color y el aroma de las flores, en el canto del pajarito que desde el primer día volando y piando los acompañaba, llenando el aire con una exclusiva melodía para ellos de sobra conocida y que como Marién decía era el canto de sus vidas.

   Pero como por desgracia  lo bueno parece que no puede ser eterno, unas eventualidades propiciaron la marcha de varios entre los que irremediablemente se encontraba Yaseón, que antes de partir le aseguró a Marién  que aquello no era un frío adiós, sino un hasta luego tan cálido como aquella lágrima furtiva de Yaseón que después de aproximar su rostro, ella sintió en su propia mejilla.

   El pajarillo no dejó de piar, acompañando con su canto la amarga marcha, hasta que el grupo se perdió de vista. Momento en el que, de un modo presumiblemente definitivo, su trino se apagó.

   El tiempo pasaba y Marién extrañaba cada día más a Yaseón.

   Ella no quería olvidar las palabras de su amor, recordándose a sí misma que hasta luego no es adiós.

   Y esto era algo que se repetía cuando día tras día, semana tras semana, mes tras mes, cada mañana abría su ventana deseando escuchar aquella melodía que entonces los acompañaba, esa misma que no había vuelto a escuchar desde la partida de Yaseón. Y esto no era así porque el pajarillo también se hubiese marchado, ya que aunque enmudecido,  junto a la ventana lo encontraba cada mañana. Parecía que la voz del pajarillo junto a su propia alegría se había esfumado, probablemente porque sin Yaseón  ni la una ni la otra tenían sentido.

   Con sus manos Marién se cubrió los ojos llenos de lágrimas, pero no tardó en descubrirlos cuando la dulce melodía escuchó. ¿El pajarillo, tal vez en un intento por animarla volvía a cantar? Marién miró hacia este, de cuyo pico cerrado no procedía aquel silbido. Apreció como alzaba el vuelo y lo siguió con su mirada, hasta que se posó en el hombro de Yaseón que era el que bajo la ventana silbaba aquella mágica melodía, a la que no tardaron en unirse los trinos renacidos del pajarillo.

   Ella salió y se reunió con su amor.

   -Te dije que era sólo un hasta luego-le recordó acariciando el rostro de Marién, mientras gracias al pajarillo, desde una rama cercana no dejaba de sonar la mágica melodía de sus vidas.

   -Ya hemos conocido el final feliz de esta tierna historia. Ahora seca tus lágrimas y volvamos a trabajar, sin olvidar jamás esa grata recompensa que pese a los obstáculos y dificultades, siempre proporciona el amor.

   Concluyó y los dos retomaron su trabajo acompañados por el grato sabor que procura el verdadero amor.    

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El canto de sus vidasCC by-nc-nd 4.0 Ana María Otero

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