1. Conociendo a Héctor

Hola, ¿qué tal? Sé que cuando Héctor escucha por aquí a alguien haciendo una pregunta como ésa, siempre dice que es una tontería hacerlo porque todo el mundo sabe que éste es un lugar en el que todos se encuentran siempre genial.

¿Dices que no conoces a Héctor? Pues eso no puede ser, así que quédate conmigo y yo te lo presento.

Héctor es un chico muy simpático que vive en el primero B del edificio número 8 de la calle del Pingüino azul y que tiene un montón de amigos con los que juega y se divierte cada día.

Aunque todos los que conocemos a Héctor sabemos que hay una persona entre todas las del mundo que es la favorita para él y ésta es su hermanita, la única que tiene, una niña que adora a su hermano mayor al que ella siempre llama Pepo. La madre de ellos dos dice que lo hace porque es pequeña y todavía no habla bien, pero Héctor sabe que si le llama Pepo es porque ese nombre especial que ella le puso le gusta más que el otro. Igual que él también sabe que si cuando alguien le pregunta a ella cuál es su nombre, su hermana dice Bina en vez de Alina porque a ella también le gusta más ese nombre especial que ella misma eligió. Y esto es algo que sólo ellos dos conocen, porque es un secreto entre hermanizos. ¿No sabes qué es ser hermanizos? Claro, porque ésa es una palabra especial que no está en el diccionario, pero yo puedo explicártelo. Ser hermanizos es algo único, porque si ser hermanos es algo muy importante, ser hermanizos lo es mucho, mucho más, y ellos dos lo son.

A lo largo del día para los dos, igual que para ti y también para mí, siempre hay momentos que son especiales y para ellos el mejor de todos es cuando Alina se va a ir a la cama y Héctor le dice que elija entre todos los que tiene, el cuento que quiere que le lea antes de dormir y como son mágicos y ellos dos hermanizos, cada vez que Héctor los lee son diferentes.

Pero algo que le gusta todavía más a Alina es cuando Héctor le dice que en vez de elegir un cuento, diga en voz alta una o dos palabras para que con ellas se ponga a funcionar la máquina de fabricar cuentos que él tiene escondida.

 

-Ya es hora de dormir y Héctor viene ahora-dijo mamá mientras tapaba a Alina con la sábana-. ¿Elegiste ya el cuento de hoy?

Alina asintió agitando éste en su mano.

-¿Y cuál es el que toca?-preguntó Héctor entrando en la habitación

El valiente topo Lucas-leyó su madre en la portada.

-No, topo Foco -corrigió Alina.

-Héctor, ¿por qué siempre le cambias el título a los cuentos de la niña?

-Porque los míos son más chulos, ¿verdad que sí?-dijo él sentándose junto a su hermana, la cual sonrió extendiendo hacia él aquel aburrido cuento.

-No tardes mucho porque Alina tiene que dormir-pidió su madre antes de dejar a los dos hermanos solos.

-¿No prefieres que te lea otro cualquiera?-preguntó Héctor que en aquellos momentos no tenía ganas de de leer aquel estúpido cuento en el que se contaban las aventuras y desventuras de un topo que quería subir a la montaña más alta para alcanzar una estrella del cielo para iluminar con ella su oscura madriguera.

-Vale, uno de la máquina, con caja y payaso-pidió Alina esperando escuchar un cuento relacionado con esas dos palabras.

-No, Bina, hoy no. La batería de la máquina de cuentos se tiene que cargar-explicó Héctor que en aquellos momentos se sentía demasiado cansado como para ser capaz de inventar sobre la marcha un cuento que tuviera que ver con esas dos palabras que su hermana le decía.

-Entonces topo Foco-dijo ella recostándose en la cama.

-Entonces topo Foco-repitió él con resignación antes de empezar a leer una tras otra las palabras de aquel cuento sin introducir algo nuevo entre ellas-. Y colorín colorado, el topo Foco lo dejó todo iluminado-aseguró cerrando el cuento-. ¿No te ha gustado?-preguntó al ver el gesto serio de Alina.

-Me gusta porque me lo cuentas tú, pero ya no es mágico.

Héctor sonrió y acarició la mejilla de su hermana.

-El libro es tan mágico como siempre, pero a veces la magia también se cansa y tiene que descansar.

-Como tú.

-Sí, yo también tengo que descansar.

-Porque eres mágico.

-Tú sí que eres mágica-aseguró antes de darle un beso en la mejilla.

 

Cuando Héctor entró en su habitación todavía sonreía recordando lo que le había dicho Bina.

Para ella él era mágico porque antes sabía inventar cuentos, pero ahora ya no era capaz de hacerlo.

Se tumbó en la cama y se arropó recordando aquellas ocasiones en las que cansado de leerle una y mil veces los mismos cuentos, él inventaba finales distintos, como aquel en el que el topo Lucas en lugar de escalar la montaña, se acercaba a Carrefour y compraba unos focos led que además estaban de oferta.

Pero  es que desde hacía algún tiempo no era capaz de tener nuevas ideas. A lo mejor era él el que había perdido la magia de la inspiración, ésa que antes le regalaba tantas ideas con las que hacía feliz a su hermanita.

Tenía los ojos cerrados, pero aún no estaba dormido cuando escuchó una voz de mujer que susurró en su oído:

-Sé que necesitas ayuda, Pepo, y creo que voy a prestártela.

Abrió los ojos y vio que ahora ya no estaba en su habitación, sino en una luminosa sala y a su lado se encontró con la mujer que le hablaba.

-Soy Piseda, el hada del reino Soñado-se presentó-. Tú has perdido la inspiración que antes tenías, ¿verdad?-él asintió antes de preguntar:

-¿Y tú me la vas a dar otra vez?

-Eso no puedo hacerlo. Eres tú el que tiene que encontrarla.

-Entonces me vas a decir dónde está, ¿a que sí?

-Claro que no, porque eres tú el que tiene que buscarla.

-No puedo.

-Claro que puedes porque la inspiración está por todas partes.

-Pues yo ya no la veo.

-Porque no la buscas bien. La inspiración está en cualquier lugar, en cualquier cosa. El secreto está en querer encontrarla.

-Yo quiero, pero no soy capaz.

-Dicen que querer es poder, Pepo, y tú sabes que en este caso es verdad.

-¿Entonces por qué…?

-Porque ahora no eres capaz de mirar las cosas de un modo diferente al habitual tal y como hacías antes, cuando le contabas cuentos mágicos a Bina.

-¿Y tú me vas a enseñar a hacerlo otra vez?

-Nadie puede enseñarte a hacer eso porque ya lo tienes dentro de ti.

-¿Entonces?

-Lo que sí puedo hacer es llevarte durante un rato a mi reino en dónde podrás hablar con mi gente e intentar despertar esa inspiración que a causa de un descuido por tu parte, ahora se encuentra dormida. Si quieres ellos te contarán sus vidas y con ellas tú podrás preparar tu relato, un cuento para Bina que deberá estar terminado antes de que el sueño haya acabado, porque si no con el despertar todo se perderá.

-¿Y cada noche…?

-No, Pepo, no. Esta noche será la única porque sé que no hará falta ninguna más para despertar esa inspiración que a partir de ahora tú y solamente tú serás el responsable mantener despierta.

-Pero yo…

El hada habló interrumpiendo sus palabras:

-Recuérdalo Pepo: si no quieres perderlo, el relato debe estar terminado antes de que acabe el sueño. No desaproveches esta oportunidad-aconsejó el hada antes de tocar la mejilla de Pepo y desaparecer, para dejarlo solo en un lugar increíble con el que él nunca antes había soñado.

 

2.El reino Soñado