
Me hundo, me hundo,
no sé nadar.
Me ahogo, me ahogo,
no puedo respirar.
Las aguas me rodean,
creo que es el final.
Pensé que del naufragio me había salvado
pero ahora el agua me está matando.
Estaba sobre mi barca,
navegando en la tempestad.
Estaba casi perdida,
cuando a lo lejos percibí una isla.
Nadé con fuerza hacia ella,
hacia la isla que nunca llega.
Cuando descubrí mi error
me agarré a un madero: ¡mi salvación!
Poco después el madero se rompió,
pero el descanso para tomar aliento me sirvió.
Volví a divisar la isla.
“Ya no me engaña”, me dije
pero nadé hacia allí aunque no quise.
Inconscientemente nadaba,
hacia la isla me precipitaba locamente.
¿Cuánto tardaré en llegar?
Una hora, o dos, quizá.
Llegaba, llegaba
y a lo lejos vi que era una emboscada.
Quise huir más no podía.
Contra la marea luchaba, pero mis fuerzas perdía.
Necesito una mano que me ayude a no hundirme.
Necesito una mano que me ayude a no morirme.
Todos los derechos reservados. Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales.