Amor eterno

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Los dos enamorados. Ciertamente ilusionados con esta relación.

Todos dicen que aún no, que es demasiado pronto para poder asegurar que es verdadero amor, ése definitivo con el que siempre se sueña, el que no se acaba cuando pasa la primera marea.

Sé que tú sientes lo mismo. Por ello podemos tú y yo hacer un trato: ¿qué te parece si lo vivimos eternamente y le demostramos a todos que con el paso del tiempo esto sigue vivo?

Dices que hasta hoy nadie eso lo ha conseguido.

No me digas que formas parte también tú de esos que consideran que el amor no sobrevive al cuerpo. De todos los infelices que no creen que existe el amor eterno y verdadero. Porque yo sé que en ti lo he encontrado y no lo voy a dejar escapar, porque esto quiero disfrutarlo por toda la eternidad y a esos incrédulos, sin duda se lo vamos a demostrar.

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-Ana María Otero-

 

Embrujo

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Esa mirada.

Caótica, hechicera.

¿Por qué yo?

¿Por qué precisamente a mí me atrapó?

De su embrujo quiero escapar, pero aunque lo intento y a pesar de ser mi mayor deseo, como si fuese en vano intentarlo, no puedo hacerlo.

No es más hermosa que las demás, de hecho es en cierta medida vulgar, pero algo tendrá para que desde aquella primera y única ocasión en la que la vi, de mi mente no la pueda borrar.

Recuerdo el momento, pero no el lugar en el que con la mía se cruzó y sin compasión atrapó a alguien que hasta entonces siempre se había sentido libre, el cual es ahora para siempre esclavo  de una mirada que tal vez ni siquiera existe y con la que a lo mejor sólo en un sueño maldito se cruzó perturbando para siempre la razón de este hombre al menos aparentemente cuerdo.

Sea como sea vete, apártate mirada perversa, antes de que pierda toda la razón, antes de que muera víctima de este pernicioso hechizo que día tras día con dañina inquina me aniquila.

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-Ana María Otero-

Maestro – alumno

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¿Por qué te permites jugar,

aún sabiendo que es mentira?

¿Por qué pretendes alzar el vuelo

aún sabiendo que a falta de alas,

sin un motor tú no podrás volar?

Sí, tienes razón.

Soy yo y nadie más el que duda de tu cordura,

quien no confía en el saber hacer

de alguien que es cierto que no nació ayer.

Tal vez no seas tan vulnerable como a veces yo advierto

y aunque pueda parecer que no,

claro que sé que siempre has tenido muy claro

todo lo que puede ser y lo que no.

Sí, también ahora tienes toda la razón

porque la única inseguridad

es esa que yo temo encontrar en ti,

cuando soy yo y sólo yo

quien ilusamente la engendra,

depositando menos confianza de la merecida en mi mejor pupilo,

ése que sin duda dentro de no mucho alcanzará a su maestro,

ocupando este lugar, por ti ganado a pulso,

del mismo modo que antes de ti lo hice yo,

superando todos esos inexistentes obstáculos

que sólo veía mi mentor,

los cuales ahora en ti yo descubro,

aunque sean tan ilógicos

como cuando el que estaba ahí era yo.

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-Ana María Otero-

Acepta el reto

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Fue el tuyo, ese cuerpo de pecado, el que me llevó de la mano. El que me lo propuso mientras con picardía sonreía, recordándome que no sabía lo que significaba ni fidelidad ni compromiso.

No te preocupes, no me dañarás. Sabes que en eso tú y yo somos iguales. De todos modos piénsalo bien porque yo confío en que podré hacerlo pero, ¿te sientes tú capaz de soportar no ser el único que ocupe ese lugar que ni tú ni nadie hasta hoy ha sido capaz de acaparar? ¿Dices que podrías conseguirlo? Inténtalo si quieres, pero igual que para mí contigo, ésta no será una tarea fácil. Es complicado cambiar el papel de seductor a seducido, de seducido a seductor.

Ambos fuimos testigos silenciosos de las contiendas del otro. ¿Qué sucederá siendo tú y yo los únicos protagonistas de esta partida?

Acepta el reto si quieres y probemos suerte: ¿te seduciré yo, me seducirás tú? ¿Lo lograremos los dos o se romperá algún corazón? ¿Seguiremos igual o todo acabará?

Sinceramente, me da igual. Ahora sólo quiero seducirte y dejarme seducir, disfrutar de ese cuerpo que hasta ahora nunca fue para mí, pretendiendo encontrar en ti la casilla que marca el final de la partida, ésa que permitirá la digna retirada de dos personas tal vez sin saberlo desde el primer día enamoradas.

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-Ana María Otero-

No digas

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No, no digas nada. No hace falta que lo hagas.

¿Realmente quieres que pasemos esta última noche lamentándonos

por lo que mañana ya se habrá acabado?

Ahora déjame quererte, sentirte a mi lado, sin pensar en ese final que todavía no ha llegado.

En este momento somos uno, ¿qué importa lo demás?

Tú, yo. Juntos. Tu cuerpo, mi cuerpo. En una única materia fundidos.

Dos vidas que en este momento son la misma.

La tuya y la mía.

Nosotros.

Tú y yo.

Dos, uno.

No, no  digas adiós cuando llegue la despedida.

¿No te das cuenta?

De ese modo terminaría esta vida,

la tuya y la mía en una sola fundida.

Nuestra,

tuya y mía por siempre unida.

No, no digas nada.

Sólo siente y graba para siempre este momento en tu mente para que nunca muera esta vida.

La tuya, la mía,

dos sintonías por siempre en una unidas.

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-Ana María Otero-

Borrón y cuenta nueva

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¿Qué esperas que suceda? ¿Borrón y cuenta nueva? Muy bonito para una novela, pero potencialmente imposible en la vida real.

Sí, todos saben que fue un error. ¿Crees que por ello mereces el perdón?

Me pides mi opinión al respecto. Conociéndome como me conoces, ¿no puedes imaginar lo que pienso, lo que siento después de todo lo que por tu causa pasó?

Claro que te quiero (¿o te quise?), claro que me importas (¿o me importabas?), pero también es verdad que teniendo en cuenta ese supuestamente inconsciente error que cometiste, cada vez me interesa menos la suerte que corras.

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-Ana María Otero-

Suelta cuerda

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Suelta cuerda, déjame volar.

¿Piensas que me voy a escapar?

Aunque me aparte un rato

sabes que no tardaré en estar otra vez a tu lado.

Como tú soy un ave libre.

Los dos necesitamos volar,

separarnos como si de verdad pudiéramos apartarnos,

como si no nos uniera una gruesa cadena.

Absurda condena que nos esclaviza,

que nos impide volar más allá de lo que la cuerda da.

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-Ana María Otero-

Mi niña bonita

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Mi princesa, mi princesita.

Mi muñequita, mi muñeca linda.

Cuando abriste los ojos

fue para mí tu primera mirada,

y entonces descubrí la finalidad de mi vida:

quererte y cuidarte,

salvaguardarte de todo lo que pudiera dañarte.

Mi joya, mi joyita.

Mi niña, mi niña bonita.

¿Cómo entonces podía sentirme vivo,

si ahora sé que antes de ti

la vida real nunca existió?

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-Ana María Otero-

Necesito parar

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Necesito parar,

tengo que descansar,

preciso de un momento para respirar.

Se agota mi tiempo y tengo que llegar,

pero no puedo, no doy para más.

He de detener mi paso y profundamente respirar,

recuperar fuerzas si no quiero que llegue mi final.

Pero, ¿por qué no puedo?

¿Qué es lo que me impide reposar?

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-Ana María Otero-

 

Eterna comparación

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Por siempre adversarios.

¿Por qué no podemos ser como hermanos?

Mejor o peor.

Jugar para ganar.

Tú o yo.

Tirar a dar.

El guapo o el feo.

¿Cuál de los dos llegará primero?

Acierto o error.

Sólo gana uno de los dos.

Si en un momento fuimos iguales,

¿qué es lo que ahora nos empuja a competir?

Si en algún momento fuimos casi el mismo,

¿quién diantres nos obliga a combatir?

 

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-Ana María Otero-