Seguir soñando

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Permíteme soñar durante un instante,

imaginar que en realidad está pasando.

Falso o cierto, ¿qué más da?

¿Acaso no dijo que la vida es sueño Calderón?

Por ello por favor te lo pido:

no me obligues todavía a despertar

porque quiero seguir soñando un rato,

imaginar que de verdad él me está amando.

 

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-Ana María Otero-

 

Dicen que querer es poder

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Te pido perdón porque no puedo hacerlo.

Sé que sería lo mejor.

Para ti, para mí, para los dos…

Pero me falta fuerza,

me falta valor para decirte adiós.

Sin duda ahí está la solución:

borrón y cuenta nueva,

hacer como que aquí nada pasó.

Dicen que querer es poder,

en teoría parece sencillo pero

¿dónde se encuentra la salida

cuando es evidente la contradicción

entre la premisa y el sentimiento,

entre la solución y el verdadero deseo?

Dicen que querer es poder.

¿Qué sucede cuando aunque olvidarte es lo que debo,

en realidad no es lo quiero?

 

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-Ana María Otero-

Nunca fue su dueño

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Él nunca fue su dueño. Solamente hubo un acuerdo respecto a una transacción.

Si siempre sucedía de ese modo, ¿por qué en aquella ocasión para él era tan difícil decir adiós?

Sabía que aunque jamás volviera a fijar sus ojos en él, nunca olvidaría aquel cuerpo perfecto que con sus manos húmedas tantas veces había recorrido.

Él no era su dueño, sólo su creador pero…

Acarició ese hermoso rostro y fue entonces cuando sus dedos descubrieron que ante la despedida, sus lágrimas no eran las únicas que estaban cayendo.

-No, no puedo decirte adiós-susurró y creyó advertir que el hasta ahora triste y estático gesto de aquel rostro, cambiaba cuando mientras pronunciaba aquellas palabras él se tumbaba a su lado.

 

Las malas noticias vuelan y como tal, la inesperada desaparición de un artista, creador de hermosas figuras que en ocasiones, aunque inmóviles parecían verdaderos seres humanos, no tardó en ser difundida.

Conocida era la tristeza del autor, que en todas sus creaciones y acompañando a la indiscutible belleza y perfección de éstas, siempre se apreciaba.

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Ni siquiera su secretario y socio, la persona más cercana a ese triste artista, tenía alguna idea de lo que había podido suceder, sobre por qué sin decir nada había desaparecido.

Pero afortunadamente y aunque entre ellos nunca compartieron algo más que eso, ni confesiones ni secretos personales, los dos hombres formaban un equipo de trabajo sumamente compenetrado y por ello él, en su ausencia, no se encontró con dificultades a la hora de distribuir los encargos.

Todos habían sido ya recogidos. Todos, salvo una hermosa figura que cuando el hombre que la había encargado vio, aseguró que aquello no era lo que él había pedido.

Él asintió cuando examinando el cuaderno de pedidos confirmó que aquella pareja amante y feliz, nada tenía que ver con la triste mujer a la espera que el hombre quería.

Presentó unas disculpas que el insatisfecho cliente aceptó, teniendo éste en cuenta la misteriosa desaparición del artista, probablemente motivada, según su propio suponer, por algún mal de amores  que su mente inestable no había podido soportar.

Cuando el secretario se acercó a aquella figura la examinó, apreciando la calidad de la obra, de esas figuras en cuyos rostros se apreciaba una indiscutible y digna de envidia felicidad, impropia de las creaciones habituales del artista.

Su corazón se precipitó cuando advirtió, a pesar de que nunca en el suyo había visto algo semejante a aquella evidente felicidad plena, el parecido del rostro del hombre con el de su socio, que algo le decía que estuviera dónde estuviese, tal y como dejaba patente su última creación, ahora era plenamente feliz.

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-Ana María Otero-

Estamos condenados

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Estamos condenados

y por ello aunque queramos

no podemos dejar de amarnos.

Una sanción,

una maldición

gracias a la cual

el uno por el otro pierde la razón.

Sabiendo que tú por mí sientes lo mismo,

¿es un castigo o una bendición,

notar como minuto a minuto

voy muriendo por tu amor?

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-Ana María Otero-

Un momento del pasado

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El recuerdo silenciado

de un momento pasado,

por algún indicio inesperado

desafortunadamente recuperado.

Si está mejor escondido,

¿por qué no se queda callado?

No, no es bienvenido.

Es una maldita alusión a un momento

por desgracia vivido.

Al principio parecía perfecto,

pero ahora,

sabiendo lo que pasó,

ya no soy capaz de verlo así.

De sobra aprendí la lección

y sin duda nunca más

seré tan idiota como lo fui en esa ocasión.

¿Dime por qué entonces

cuando recuerdo el momento

no soy capaz de obviarlo todo

y dejar de reprocharme lo que pasó?

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-Ana María Otero-

Confusión

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Te veo a través del cristal.

Tú allí y yo acá.

Me invitas a imitar tu gesto,

cuando apoyas tus manos al otro lado.

Hago lo que me pides

y me parece advertir tu tacto.

Creo que la piel de tus manos puedo notar.

Pero no, aunque sea parecido a tocar,

esta sensación no es real.

Es sólo el recuerdo de ese sueño

que tal vez en una ocasión creí soñar,

porque ahora estamos separados

y aunque parece que nos vemos,

yo no sé si eres real,

como tampoco que yo existo

puedes tú garantizar.

Confusión.

Sueños o realidad.

Imaginación o verdad.

¿Es la vida una quimera,

una alucinación que

como un sueño nocturno termina,

cuando sin esperarlo

suena el despertador?

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-Ana María Otero-

Rumbo perdido

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Perdí el rumbo cuando

por evitar cruzarme contigo

me desvié del camino.

Ahora estoy desorientado

y no sé hacia donde caminar

para mi destino alcanzar.

No me gusta admitirlo pero sí,

realmente estoy perdido.

¿Por qué no encuentro una señal?

¿Alguna marca que indique

hacia dónde voy?

No tengo modo de saberlo,

pero no puedo volver

porque el suelo,

con cada uno de mis pasos,

detrás de mí va desapareciendo.

Por lo que sí o sí,

aunque sin saber hacia dónde,

debo avanzar.

Sí, estoy solo, desorientado, perdido…

Pero sin duda prefiero sufrir esto

antes de volver a encontrarme contigo.

 

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-Ana María Otero-

Está claro

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No puedes imaginar cuanto me duele,

sentirte ajeno aunque te encuentras a mi lado.

Igual que antaño con tus manos exploras,

recorres mi cuerpo, moldeándolo a tu antojo,

pero yo sé que entre nosotros algo ha cambiado.

¿Dónde se encuentra el error?

¿En ti, en mí o en los dos?

Tal vez la cuerda se acabó

y con ella también el amor se agotó.

Las opciones están claras

porque este es un mecanismo sencillo.

¿Le damos cuerda

o cambiamos la maquinaria?

¿Acabamos con todo

u otra vez volvemos a empezar?

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-Ana María Otero-

Su gato y ella

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Su gato y ella, ella y su gato. Aunque no lo veas a su lado, sin duda se encuentra cerca. Observando con sus ojos de distinto color el uno del otro, todos los movimientos de ella cual valiente vigilante, galante custodio.

Una curiosa pareja sobre la que en alguna ocasión alguien contó una historia. Tal vez falsa, tal vez cierta, pero sea como sea, ante ésta nadie indiferente queda.

En ella se habla de una mujer joven, desde niña la mejor amiga de un muchacho negativamente marcado por la heterocromía. Un ojo verde, el otro azul, a cada cual más hermoso, aunque salvo para ella, a la que desde el primer día ese rasgo encandiló, este absurdo motivo a muchos de su lado apartó.

Malas voces decían que era un demonio que a su madre durante el parto mató, pero ella sabía que eso era mentira y que ante él, envidia era lo que en realidad todos sentían.

Ella amaba a ese hombre al que cada noche se entregaba, ése mismo que día tras día, tal cual le había prometido, la protegía y custodiaba manteniendo apartada de ella cualquier cosa mala.

Ocupando su tiempo en estos menesteres, él olvidó que también a sí mismo se debía proteger y bajó la guardia sin darse cuenta de que su maestro, ése que le mostró por primera vez la magia y quiso compartir con él toda su sapiencia, aunque en realidad él sólo prestara verdadera atención a la buena, porque nunca le interesó la negra, se encaprichaba con su compañera y ante el rechazo de ésta, a su alumno hechizó y en gato lo convirtió, para de este modo humillarlo durante un rato antes de, ante los ojos de su amada a la cual después él tomaría como esclava, matarlo.

Aunque era un alumno extremadamente aplicado probablemente porque era cierto eso de que su inusual mirada tenía magia, no pudo esquivar del todo el hechizo, pero su intervención de algo sirvió y gastando casi toda su fuerza, envió al malvado hechicero a un mundo lejano del que los guardianes de éste, conocedores no sólo de esta última maldad cometida por él, nunca le permitirían marchar.

Y él, aunque en gato convertido, logró salvar su vida y de este modo seguir hasta el fin de sus días protegiéndola tal cual en una ocasión le prometió.

Pero esos no fueron sus únicos logros, ya que aunque nunca volvería a ser como todos los demás, cada noche y a su lado en hombre se volvía a transformar y de este modo compartía con ella todo ese amor con el que ni siquiera un poderoso hechicero envidioso pudo acabar.

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-Ana María Otero-

Fue esa mirada

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Él la miró cuando pasaba a su lado

y ella bajó los ojos turbada,

con una tonta sonrisa dibujada en su cara.

¿Por qué con él no podía hacerlo,

si ella era de esas personas

que siempre mantenían la mirada,

provocando que fuera el otro el que la apartara?

Tal era su prepotencia

que con firmeza aseguraba

que nunca se sentiría atraída por un hombre

que no fuera capaz de soportar su examen.

Tan segura de sí misma estaba,

que nunca se paró a pensar que podía suceder al revés:

que fuera ella la que no pudiera aguantar

la intensa mirada de un hombre,

al que sin pretenderlo, era ella

la que había empezado a desear.

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-Ana María Otero-