Reflejo

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Tumbada en la cama, acariciaba el rostro que aparecía en aquella imagen.

¿Por qué se había ido si todavía era pronto? No era justo, no.

Aunque hasta el accidente que se lo llevó, entre ellos todo había sido perfecto, los dos sabían que todavía les quedaba por vivir lo mejor.

La imagen se enturbió para ella cuando, como cada día, sus ojos se llenaron de lágrimas.

Apartó la mirada hacia la ventana y en el cristal apareció el reflejo de él, que la miraba negando con la cabeza.

Le alegró ver su rostro activo, no estático como en la foto, pero ella sabía que no era real, porque aunque le había costado hacerlo, hacía ya algún tiempo que había aceptado que él no volvería jamás.

Con una mano secó las lágrimas de sus ojos, pero cuando volvió a mirar hacia el cristal, su rostro todavía seguía ahí y ahora sonreía, presumiblemente ante su estupefacción.

Se acercó al cristal, temiendo que la imagen se disipara, lo que ella interpretaría como perderlo otra vez.

Pero no. El reflejo no sólo no se perdía, sino que a medida que se acercaba, más nítido lo percibía.

Ya casi había llegado, cuando observó como él extendía hacia ella su mano, la cual sin dudarlo, con la suya rodeó. Y de este modo él la arrastró al otro lado del cristal, para con sus brazos rodearla y besarla de ese modo que desde hacía ya demasiado tiempo, los dos tanto habían extrañado.

 

A ella la encontraron poco después sin vida, tumbada en la cama, con la foto de su amor perdido a su lado. La madre gritó al darse cuenta de que a su hija había perdido.

-No te preocupes, mami. Ahora mi hermana es feliz. Yo lo he visto todo y el modo como ella sonreía cuando con él se iba.

La madre miró a su hijo pequeño y sonrió tratando de ocultar una pena con la que al inocente niño no quería empapar, dejándole creer esa fantasía que en realidad sólo él sabía que no era tal.

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-Ana María Otero-

Teatro

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Las cosas no siempre son lo que parecen.

Todo se manifiesta perfecto.

¿Realmente esto es cierto?

¿O es sólo una ficción

que hace años se estrenó?

El teatro es fantasía.

Una vida creada

para al público deleitar.

¿Qué más da si todo es mentira?

¿Acaso alguien se va a molestar?

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-Ana María Otero-

Invierno

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Una leve brisa agita las ramas de los árboles,

ahora desnudas porque sus hojas ya se ha llevado.

Los tallos deshojados tiemblan,

se agitan mojados por la lluvia

que hace un rato los ha empapado.

No es algo extraño.

¿No ves que aquí, con nosotros,

el invierno se ha quedado?

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-Ana María Otero-

¿…?

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¿Te quedas o te vas?

¿Desapareces o lo vuelves a intentar?

Me temo  que ante tanta indecisión,

de un momento a otro la fuerza me va a abandonar.

¿No te das cuenta?

Un día de estos también yo me puedo cansar

y quizás cuando vayas a buscarme

ya no me puedas encontrar.

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-Ana María Otero-

Sobrevivir

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Todo está igual.

Juntos o separados,

mezclados u ordenados.

Callados o hablando,

dormidos o vegetando.

Si alguna vez hubo algo

ahora, ¿dónde se ha escapado?

Una fantasía, una ilusión

que a veces me pregunto si de veras algún día existió.

Me acostumbré a vivir de este modo,

sin olvidarme de respirar.

Sobrevivir un día más

como única prioridad.

Vivir sin pensar.

Mejor no sentir si lo que quieres es subsistir.

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-Ana María Otero-

Amor imposible

1-penrose-triangle-1217454_640¿Quién no se ha enamorado de un imposible? ¿Dices que eso tú no lo has vivido? Pues eres afortunado y de veras te envidio, porque aunque pase el tiempo, me temo que yo nunca olvidaré ese amor no alcanzado, probablemente con los años idealizado.

Seguro que no era ni mejor ni peor que otros, pero fue él el que se cruzó inesperadamente conmigo.

Un pudo ser pero no fue y aunque en realidad entre nosotros nunca hubo más que palabras, grabado a fuego en mí su recuerdo quedó.

Es probable que de mí él ya no se acuerde. Por mi parte la vida también siguió y el amor correspondido ciertamente conocí, aunque nunca dejaré de preguntarme si, de no habernos apartado unas fuerzas oscuras, lo nuestro hubiese funcionado.

Pero bueno, me conformo conservando el recuerdo de ese chico que me cegó y gracias al cual pude imaginar por primera vez en mi vida que ya sabía lo que era amar.

No trates de encontrar su nombre escondido entre estas letras. Conozco a más de uno que se llama igual y no quiero que absurdamente alguno de ellos se dé por aludido.

Sí, es verdad que hoy de él me he acordado, pero el pasado es el pasado y ahí es donde se debe quedar, aunque algo me dice que del todo, del todo, ese amor imposible nunca se me va a olvidar.

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-Ana María Otero-

Nunca más

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-¿Vendrás a cenar?-quiso saber Mati apartando las manos de él del nudo de la corbata que como cada día ante el espejo de la entrada, tan inútilmente pretendía arreglar.

-No sé a qué hora  llegaré. Tengo entre manos un asunto que ineludiblemente hoy debe  quedar resuelto, así que será mejor que empieces sin mí.

-¿Quieres que te espere despierta?-preguntó clavando en sus ojos aquella  mirada dorada que desde el primer momento le había cautivado.

-¿Crees que merece la  pena que lo hagas?

-Eso lo descubriremos después-respondió antes de besar sus labios.

Aquello no podía continuar. De una vez tenía que acabar. ¿Qué sentido tenía mantener esa farsa?

-Hasta después-se despidió  cruzando la puerta, convencido de que de ese día no pasaba: su mentira tenía que acabar.

En la oficina, ante su ordenador repasaba en su mente las palabras. Buscaba el modo más adecuado para poner fin a todo.

Siempre había sabido que Mati no merecía aquello. Nunca había dejado de amarla, pero él era  más débil que sus instintos y…

Pero no, pesara a quién pesara, sin duda hoy todo acabaría.

Cuando la jornada concluyó se acercó a aquel lugar en el que ellos habían compartido tantos momentos, tanto placer. Sería triste poner punto y final  a todo aquello, pero no podía seguir dañándola de ese modo.

Subió hasta el segundo piso. Golpeó la puerta y ésta no tardó en abrirse.

-Hola, amigo-saludó Nina que como siempre hacía, tiró de su corbata, su usual modo de invitarle a entrar, y los dos cuerpos se aproximaron.

-Nina, tenemos que hablar.

-¿Ahora?-preguntó ella desabrochando el cinturón de sus pantalones.

Él tomó aire profundamente cuando sintió como la mano de ella se perdía bajo su ropa interior.

-¿Por qué no me dices eso sobre lo que quieres que hablemos?

-¿Ahora?-repitió él deshaciéndose de la ropa que cubría aquel cuerpo de pecado que una vez más lo había atrapado.

Ahora era tarde para parar, para dar marcha atrás, pero Mati , su querida Mati no lo merecía. Sin duda aquella sería  de verdad la última vez.

-Hoy tampoco lo he conseguido. Me ha pillado desprevenido, no estaba preparado para … Seguro que esto no me pasará la próxima vez-trató de convencerse a sí mismo, igual que hacía cada día, mientras entre las piernas de Nina se perdía.

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-Ana María Otero-