
Quería componerte una canción, un regalo genial para esta ocasión especial, pero por algún ilógico motivo se me olvidó como sonaba el do.
¿Por qué de mi memoria se borró si hasta ahora sin problema encontraba ese son?
Busqué cualquier do con intención, pero cuando al piano me acerqué y las teclas pulsé, en ningún momento alguno escuché: ni el menor, ni el mayor, ni el sostenido o el bemol.
La radio encendí y una conocida canción la estancia inundó y el desespero me embargó cuando me di cuenta de que también ahí el silencio sustituía a cada do que formaba parte de esa melodía para mí de sobra conocida.
¿Por qué pasaba aquello? ¿Cómo era posible borrar así cualquier do? Me pregunté desesperado pensando en el agasajo frustrado porque sin el do, ¿cómo iba a componer tu canción? Yo no hallaba explicación a la terrible situación que mi regalo truncó, cuando por fortuna el despertador sonó disipando la confusión, encontrando además con el despertar la solución a la inapropiada falta de regalo. Pero no porque entonces de pronto recordara como suena el do, algo que creo que nunca se me olvidó aunque yo no sea compositor, sino porque sin esperarlo en mi inquieto sueño encontré el argumento para este delirante e ilógico cuento que ahora entre risas te muestro.

Un sonido perdido(c)Ana María Otero