
Lo lamento, me arrepiento.
¿Por qué sin pensar entré en un sueño que en realidad yo no quería soñar?
Dices que desde el principio lo supiste.
Entonces, ¿por qué te callaste y me dejaste participar?
Sí, es cierto, recuerdo que lo hiciste y que entonces yo no te quise escuchar.
Ahora todo acaba, ya no hay marcha atrás. Es hora de silenciar mis lamentos y después de la dura enseñanza emprender el camino, sabiendo que lo aprendido nunca se me olvidará, porque muy a mi pesar, ya no queda tiempo para que esto pueda llegar a pasar.
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