Una mirada

Él la miró cuando pasaba a su lado

y ella bajó los ojos turbada,

con una tonta sonrisa dibujada en su cara.

¿Por qué con él no podía hacerlo,

si ella era de esas personas

que siempre mantenían la mirada,

provocando que fuera el otro el que la apartara?

Tal era su prepotencia

que con firmeza aseguraba 

que nunca se fijaría en un hombre

que no fuera capaz de soportar su mirada.

Tan segura de sí misma estaba,

que nunca se paró a pensar que podía suceder al revés:

que fuera ella la que no pudiera aguantar

la intensa mirada de un hombre,

al que sin pretenderlo

había empezado a desear.

Una mirada (c) Ana María Otero

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