
Fue el tuyo, ese cuerpo de pecado, el que me llevó de la mano. El que me lo propuso mientras con picardía sonreía, recordándome que no sabía lo que significaba ni fidelidad ni compromiso.
No te preocupes, no me dañarás. Sabes que en eso tú y yo somos iguales. De todos modos piénsalo bien porque yo sé que puedo hacerlo pero, ¿te sientes tú capaz de soportar no ser el único que ocupe ese lugar que ni tú ni nadie hasta hoy ha sido capaz de acaparar? ¿Dices que podrías conseguirlo? Inténtalo si quieres, pero igual que para mí contigo, esta no será una tarea fácil. Es complicado cambiar el papel de seductor a seducido, de seducido a seductor.
Ambos fuimos testigos silenciosos de las contiendas del otro. ¿Qué sucederá siendo tú y yo los únicos protagonistas de esta partida?
Acepta el reto si quieres y probemos suerte: ¿te seduciré yo, me seducirás tú? ¿Lo lograremos los dos o se romperá algún corazón? ¿Seguiremos igual o todo acabará?
Sinceramente, me da igual. Ahora sólo quiero seducirte y dejarme seducir, disfrutar de ese cuerpo que hasta ahora nunca fue para mí, pretendiendo encontrar en ti la casilla que marca el final de la partida, esa que permitirá la digna retirada de dos personas tal vez sin saberlo desde el primer día enamoradas.


Acepta el reto (c) Ana María Otero
Todos los derechos reservados. Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales.