
Imagen de Gerd Altmann en Pixabay
Ni el primero ni el último que lo pretende,
pero me temo que aunque lo intentes
nunca podrás comprenderlo.
Antes de ti muchos otros lo han deseado
pero, ¡oh, desdichados!,
uno tras otro inevitablemente han fracasado.
Es que hay preguntas sin respuesta
que por mucho que se pretenda
nunca jamás se encuentran.
Son los secretos de la vida,
esas razones desconocidas,
con tanto esmero separadas
y con sumo celo custodiadas.
Seguramente también tú te preguntas el por qué,
sin plantearte que el único motivo podría ser
que tal vez esas respuestas es mejor no conocerlas.
Hazme caso y deja de comerte la cabeza
porque sin duda hay una poderosa razón que justifica
que desde el principio
de este ilógico modo todo suceda.

Ni el primero ni el último (c) Ana María Otero
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