
Imagen de Gerd Altmannen Pixabay
Ten cuidado con lo que deseas porque puede llegar a ser real.
Recuerdo mi risa cuando escuché esa conocida frase, convencido de que al menos para mí sería imposible lamentar alcanzar aquello que tanto deseaba. Pobre iluso, que tuvo que experimentarlo en sus propias carnes para confirmar que lo que parece ser, no siempre es así como a simple vista se ve.
Las consecuencias fueron, además de lágrimas producto del inesperado desprecio, el dolor al despertar de aquella fantasía que mi alma ilusa por un momento se atrevió a imaginar que era real.
Pero por fortuna tras la pesadilla también aprendí a volver a vivir, a buscar y afortunadamente encontrar valiosos motivos para dejar de lamentar todo que por no pensar alguna vez hice mal y que ahora me atrevo a jurar que nunca más volverá a pasar.

Un deseo equivocado (c) Ana María Otero
Todos los derechos reservados. Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales.