
Hoy ya sé que lo que querías no era algo especial.
Aunque lo negaras, nada distinto a lo demás.
Nunca faltó la sospecha, sólo la confirmación, pero como es más de lo mismo, el final no inesperado llegó, aseverando una presunción sobre la que nadie jamás dudó.
Tú querías un premio, eso nunca se dudó.
Se habló, se discutió, se analizó y así de este modo el premio se otorgó.
Todo tuyo. Es para ti.
¿No era eso lo que esperabas?
Lo siento pero siempre jugaste para ganar y por ello se premia tu dedicación.
Si el premio es una caja vacía, ¿no será porque tal vez nada más merecías?


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