
Ir hacia atrás para volver a empezar.
Tomar la decisión descartada,
que a lo mejor no era tan mala.
La elección tomada no fue equivocada.
En aquel momento resultaba adecuada.
Nunca hubo arrepentimiento,
porque fallo no se encontró.
Pero las circunstancias cambian
y también la necesidad.
¿Por qué no probar entonces
lo que aunque no antes,
ahora sí parece ser mejor?

© Ana María Otero