
Sin fortuna en el juego,
ni tampoco en el amor.
Lo sabe, no hay duda
porque siempre fue de este modo,
y por mucho que le pese
nunca habrá otro.
Pero a pesar de todo,
a su lado quiere jugar esta partida
aunque la apuesta
incluya ineludiblemente su vida.
Perder, supondría el final,
pero no jugar,
sería lo mismo que dejarse matar.
