
Esperar sin desesperar
por lo que aparentemente no quiere llegar.
Hasta ahora aguardar nunca resultó molesto,
sólo un proceso usual que no llevaba a impacientar.
¿Por qué ahora la espera parece eterna,
si en realidad todo seguirá igual después de acabar?
La falta de certeza,
la ausencia de respuesta,
algo que desespera aunque en realidad
ya se conozca la correcta.
Es la inmerecida consecuencia
de ese contagioso e insulso desespero
de aquellos que en realidad son ajenos
y que a pesar de con tanta fuerza desearlo
ahora ya no pasan de largo.

No se explica(c)Ana María Otero