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Fue un fallo,
una terrible equivocación.
Cometió un error
que ahora quiere reparar,
pero por desgracia existen cicatrices
que no se pueden borrar.
¿Por qué tan absurdamente confió?
Él solamente tenía un sueño,
una gran ilusión
que cuando por fin alcanzó,
en su mano explotó
porque demasiado tarde descubrió
que cuando una devoción
se convierte en obsesión,
antes o después,
esta pierde su valor.

© Ana María Otero
Hermosa poesía hace mucho reflexionar.
Gracias por tu visita y esas halagadoras palabras que animan a continuar 🤗
Así es… no hay que exagerar ni fanatizar porque se pierde la objetividad. Muy bueno, Ana María. Saludos.
Gracias por visitar mi blog e intervenir, Ana. Saludos.