
Ven, acércate,
necesito sentir en mí
el tacto de tu piel.
Recuesta sobre el mío tu cuerpo,
ese que día tras día incita mis deseos,
ese que cada noche profana mis sueños.
Tú, el que quebranta mi paz,
esa que sólo cuando llegas a mí
otra vez vuelvo a alcanzar.
Ven, acércate,
sabes que es aquí donde debes estar
porque es tu sino el mío
y mi cuerpo tu destino.
Compartido, fundido.
Tuyo, mío,
¿qué más da si tú o yo
ahora es ya lo mismo?
Aquí es donde debes estar, he escuchado esa frase muchas veces, la he sentido en mi interior, pero siempre me encuentro camino de otra parte.. es extraña esa lucha entre el corazón y el cerebro…
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😉
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