El diez de julio. Aquel siempre había sido su día especial. Ese durante el cual siendo una niña se sentía la protagonista al ser su cumpleaños.
Conocía la rutina que ese día se seguía y por ello siempre esperaba cerca de la ventana hasta que aparecía y así ver como avanzaba aquella, a sus ojos de niña, interminable comitiva de coches, motos, camiones, furgonetas, incluso bicicletas.
Vehículos decorados con ramos, que según creía recordar alguna vez entonces escuchó decir que eran de laurel, para celebrar el día de San Cristóbal, el patrón de los automovilistas.
Ella conocía este detalle y aunque fuera mentira, cada diez de julio le gustaba imaginar que aquella era una particular felicitación de cumpleaños preparada para ella y por ello desde la ventana saludaba a todos los vehículos que pasaban, sin borrar de su rostro esa alegre sonrisa que la acompañaría al menos durante todo aquel día.
El tiempo pasó y hacía mucho que ya no vivía en aquella casa cerca de la cual cada diez de julio una fila ordenada de automóviles pasaba haciendo sonar sus bocinas, logrando que se sintiera la protagonista principal mientras duraba el desfile.
Experiencias inolvidables que no borraban el paso del tiempo. Recuerdos entrañables que añorante con los suyos compartía, especialmente evocados aquella nueva mañana del diez de julio, en la que como entonces,con una sonrisa en sus labios se levantó de la cama.
Aún era temprano, pero por lo visto su marido lo había hecho antes que ella. Escuchó su voz desde la habitación de los niños. Seguro que estaban preparando lo que la tarde anterior habían organizado, procurando que ella no se acercara y lo descubriera antes del momento.
—Venga, enciende el audio, ¡que ya viene!—oyó decir a uno de sus hijos y no tardó en empezar a escucharse un sonido de bocinas.
Asomó la cabeza y para su sorpresa se encontró con los niños y el padre de ambos, cada uno de ellos con un mando del Scalextric en la mano, manejando de un modo inusualmente lento y coordinado los coches, decorados estos con pequeños ramos verdes de papel. Un pequeño detalle de aquella gran sorpresa que los tres habían preparado para ella: ni más ni menos que una artificiosa simulación de esa comitiva que cada diez de julio tanto añoraba.
—¡¡Felicidades!!—gritaron los tres antes de dejar a un lado los mandos y avanzarse sobre ella, que aquel diez de julio volvió a sentirse tan especial como aquellos de su infancia. Bueno, igual no: mucho más, porque en aquella ocasión la comitiva sí que la habían preparado precisamente para ella sus tres conductores favoritos.

¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS, MAMÁ!!!

Su día especial(c)Ana María Otero
Que bonito detalle y una preciosa historia Ana, si eres tú la protagonista sólo queda decir ¡Felicidades!
Si no es así pues a quien le correspondan.
Un fuerte abrazo.
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Como le dije más arriba a M.D. lo escribí para mi madre que cumple años el 10 de julio y cuando era niña se permitía imaginar eso cuando veía los coches decorados y haciendo sonar sus claxóns. Aunque hayan pasado 3 días (por mi culpa, o mejor le echo la culpa a los exámenes je, je) le diré felicidades de tu parte y yo te doy ya las gracias que sin duda ella me pedirá que te de 😉
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Hermos historia 💯🧡
Me encantó 🧡
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Preciosa historia, Ana. ❤❤❤❤
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La idea surgió de alguien (mi madre)que nació ese día y me contó que eso era lo que, aunque sabía que no era cierto, imaginaba cuando era una niña y por eso la escribí para regalársela 🎉
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Hermoso regalo, Ana. ❤❤❤❤❤❤❤
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