La eterna pregunta: ¿por qué siempre entro en la misma sala si sé que el final será el mismo que el de la anterior sesión?
No hay emoción, ni hay sorpresa. No hace falta atar cabos, aunque siempre cabe la posibilidad de apreciar algo que ayude a encajar con suavidad esa pieza que antes sólo entraba haciendo un poco de fuerza. Pero sea como sea el final se repite y la función una y otra vez acaba igual.
¿Qué me lleva a entrar una vez más, a pensar que en esta, por haches o por bes, el final así porque sí, cambiará sólo para mí?


Sin final especial(c)Ana María Otero
Esperanza!!!
😉