La estrella de Estrella

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Aquel fue un sábado diferente, con un plan especial. Visitar el recinto ferial no era una novedad para Bea, pero sí hacerlo acompañados por Estrella, la sobrina de César, una muñequita de tres años que les alegró la tarde con sus risas y entusiasmo ante todo lo que descubría a su alrededor: las casetas, la música, la algarabía, la alegría generalizada que inundaba el ambiente… Pero esta se acrecentó en ella de un modo especial cuando en un puesto en el que vendían globos con helio, César compró uno con forma de estrella y entregó a la niña la cuerda con un contrapeso que impedía que levantara el vuelo.

Al final de la tarde caminaron hacia la casa de la niña y al llegar a la finca César presentó una sugerencia que para más de uno podía parecer ilógica.

—Oye, Estrella, se me acaba de ocurrir algo: ¿te parece buena idea que liberemos a la estrella y la dejemos subir al cielo con las demás?

—Pero si se va ya no vuelve.

—No, pero así tú podrás verla en el cielo antes de dormir siempre que quieras.

—¿Y si se va muy lejos y no la encuentro?

—No te preocupes: la soltaremos en el lugar que tú quieras y sé que después sabrás reconocer tu estrella entre todas las demás.

La niña miró a Bea dudando y esta asintió entendiendo el motivo de aquella propuesta de César, gesto que sirvió para que Estrella viera la idoneidad de esta acción. Así que los tres caminaron por el jardín mientras la niña localizaba el lugar idóneo para la estrella y cuando lo hubo hecho entregó el globo a César para que él desatara el contrapeso y cuando lo hizo de devolvió la cuerda del globo a la niña la cual, después de echarle un último vistazo, dejó salir volando.

—Cuando esta noche la localices pídele a papá o a mamá que le saquen una foto y me la mandas para que Bea y yo podamos ver qué tal quedó-pidió César antes de besar la mejilla de la niña.

Poco después de llegar a su casa, escucharon el sonido del teléfono de César indicando la recepción de un mensaje, que llegó acompañado por una imagen en la que se veía a Estrella vestida con un pijama, señalando desde la ventana hacia un lugar indefinido en el cielo en el que se apreciaban un tropel de brillantes estrellas.

—De este modo para ella su estrella siempre estará ahí-apuntó César.

—Y no se llevará mañana el chasco de verla deshinchada en el suelo.

—Por eso le propuse que soltara el globo, porque conozco el caso de una niña que se llevó una desilusión tremenda cuando por la noche dejó volando junto a su cama un bonito globo de látex con forma de águila y al otro día lo encontró en el suelo.

—No era un águila, era un oso astronauta.

Los dos rieron sin dejar de sentirse satisfechos ante la felicidad apreciable en el rostro de Estrella en aquella foto que acababan de recibir, la cual cada noche se despertaría en ella al descubrir su estrella brillando en el cielo.

La estrella de Estrella(c)Ana María Otero

Stars In The Sky – Giulio Cercato

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